martes, 22 de abril de 2008

Benedicto XVI visita a Estados Unidos

El viaje que realizó el pastoral Benedicto XVI a los Estados Unidos la semana pasada, no solo trajo alegría a cientos de creyentes y seguidores de la iglesia católica, así como lo publicó el medio elperiodico.com esta reunión dejo conforme a cientos de personas que hacían alusión de su molestia contra la pederastia, el cual trajo a la memoria hechos protagonizados en el año 2002 por cientos de sacerdotes norteamericanos.
Este tema fue incomodo para el Papa, ya que nunca el pontífice fallecido Juan Pablo II había tratado el abuso sexual de forma tan directa y menos en el país del Presidente Bush.
Más allá de la presencia del Pontífice en tierra estadounidense, se informó en la prensa, que el Vaticano se aprestaría a modificar la legislación canónica relativa al fenómeno en cuestión, versión que sin embargo no tardó en ser desmentida, de donde se puede inferir que la normativa de Juan Pablo II al respecto, seguirá aplicándose sin variación.
Así mismo, el Papa Benedicto XVI ha debido realizar diferentes reuniones con las victimas de estos abusos sexuales por clérigos católicos, las cuales serán indemnizadas por sumas millonarias que aunque no solucionaran los traumas causados, probablemente servirán de alguna ayuda.
Ahora solo se espera que el mayor emblema de la iglesia católica, Joseph Ratzinger, mantenga conciencia de este tipo de hechos ocurridos en el mundo, ya que él jamás había mantenido este tipo de acercamiento con personas afectadas, pero en solo tres días Benedicto XVI le ha dado un giro a la historia, usando su oficio de orador.
En conclusión el periódico no justifica la buena obra del Papa alemán, pero si encasilla que esto se debería haber tratado mucho antes de que visitara a EE.UU., de tal forma que los medios en si no ponen algún juicio, solo logran informar lo sucedido y esto enfoca a que se siga manteniendo la misma imagen de la iglesia católica que se ha proyectado por años, sin poner alguna solucion a los abusadores religiosos.
por Romina Martinez O.

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